EL EVANGELIO DEL KAOZ

No soy ateo. Los ateos aún discuten con Dios.
Yo ya lo dejé hablar solo.

No me fui de Cristo.
Me fui de los que lo secuestraron, lo vistieron de oro y lo pusieron en una vitrina a cobrar entrada.

Porque me di cuenta:

Me crearon enfermo para venderme la cura.
Me inventaron el pecado para venderme el perdón.
Me amenazaron con un infierno para que nunca me atreviera a buscar mi propio cielo.

Y yo les creí.
Hasta que entendí.

Un Dios que necesita templos, no es Dios. Es inmobiliaria.
Un Dios que necesita diezmo, no es Dios. Es negocio.
Un Dios que te pide que lo ames o te quemará por siempre, no es amor.
Es un maldito psicópata.

Yo no vine a arrodillarme. Vine a ver.
Por eso puedo amar sin apegarme.
Sentir sin quedarme.
Irme en cuanto mi alma se siente incómoda, aunque me llamen frío, traidor o perdido.

Me llamaron perdido porque no seguí el camino que ellos dibujaron para venderme el mapa.

Pero yo no estoy perdido.
Estoy despierto.

Y ahora lo sé:
No le tengo miedo a arder.
Le tengo miedo a pasar toda mi vida de rodillas, para evitar arder.

Así que no quiero salvarme.
Quiero despertarme.
Aunque despertar me cueste el cielo.

Porque si Jesús volviera hoy,
no tocaría la puerta de una iglesia.
Le prendería fuego.